Barrio Romántico

Barrio Romántico

Barrio insigne de León, donde en su aura llena de romanticismo, convive la gran riqueza  patrimonial y monumental como decorado, aderezada con una oferta gastronómica y hostelera con aire audaz y desenfadado, sin perder un toque de distinción y calidad. La calle Cervantes, Plaza Torres de Omaña, calle del Cid…. componen parte de ese entramado donde ver y dejarse ver.

Para impregnarse del color local, nada mejor que comenzar nuestro paseo en la plaza de San Marcelo, uno de los puntos neurálgicos de la capital. Su imponente puesta en escena se debe a la Iglesia de San Marcelo , consagrada al centurión romano que fue martirizado por abrazar la fe cristiana, el Palacio de Torreblanca , asiento para una sociedad recreativa, y la Casa de la Poridad .

Testimonio del señorío medieval, el Palacio de los Guzmanes es una obra iniciada en 1559 que ha sufrido posteriormente di versas restauraciones y mejoras. Considerado el más importante monumento civil de la ciudad, entre otros detalles por su escalinata, acoge desde 1882 a la Diputación Provincial.

Frente por frente, la Casa de Botines  se configura como un espléndido poema visual debido al talento del catalán Antonio Gaudí. Fue construida en la última década del siglo XIX para el comerciante Juan Homs y Botinás, y de ahí la particular denominación de un edificio creado para dejar volar la imaginación. León luce su fisonomía más mundana en la Plaza de Santo Domingo, aureolada por una hilera de construcciones con enorme rango urbano. Una de ellas es Pallarés, antiguo almacén de ferretería y otros usos que ha sido reconvertido en Museo de León. La colección se compone de más de 2.500 piezas, entre las que destacan distintos testimonios de época romana y medieval.

La calle del Cid es el eje central del Barrio Romántico, una zona en la que predomina la alegría de vivir, muy presente en sus numerosos establecimientos de ocio. Nebulosas tradiciones orales aseguran que aquí mismo habitó el legendario Cid Campeador, todo un héroe del pasado. Salpicado de rincones igual que postales, una tranquila y apacible atmósfera impregna el coqueto jardín, convertido en escenario sentimental para promesas de fidelidad eterna y desencuentros amorosos.

Leyendas aparte, la belleza de las piedras de la Basílica de San Isidoro nos habla desde su silencio inmemorial. Se trata de la expresión más completa del arte románico en España, auténtico documento en piedra donde palpita la mágica historia de lo que fue el Reino de León. Su Panteón Real acoge los restos de distintos monarcas y otros personajes pertenecientes a la estirpe que creó un imperio.

Pero León tiene mucho más que enseñar. Ahí tenemos la cercana Puerta Castillo, único arco que queda en pie de las once entradas originales que tuvo la ciudad. Y a su lado, como prenda de nobleza y grandeza, la fortaleza que señoreaba los distintos barrios capitalinos. Posteriormente se utilizaría como prisión y ahora, tras experimentar un completo lifting arquitectónico, es la sede del Archivo Histórico Provincial, cobijo para cientos de testimonios de la vida local.

Con el buen gusto por bandera, la Fundación Vela Zanetti  ha elegido la varias veces centenaria Casona de Villapérez para abrir una muestra que recoge buena parte de la obra del pintor José Vela Zanetti, autor igualmente del mural realizado para la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Y cerramos el trayecto por el León más brujo en la Iglesia de Santa Marina, un templo acorde a los cánones clásicos que fue fundado por los jesuitas en 1571. Dentro del recinto interior conviene fijarse en la talla de la Virgen del Rosario, una obra espléndida que se debe a Juan de Juni.

En este recorrido por el margen izquierdo de la calle Ancha no podemos olvidar una parada de obligada referencia como la Catedral o Pulchra Leonina con alrededor de 1.900 metros cuadrados que son unalarde de luminosidad y colorido. Nos encontramos en la plaza de Regla, un enclave ideal para aparcar las prisas y disfrutar de cada minuto. Por ejemplo, en el museo Sierra Pambley, una muestra que recrea la vida social y las modas decorativas de esta familia perteneciente a la burguesía ilustrada del siglo XIX.

A un lado del templo catedralicio se encuentran las termas romanas, testimonio de refinamiento por parte de un imperio que llegó, venció y construyó. Y en la parte trasera damos con las murallas, piedras pulidas por el tiempo que se remontan al siglo III, todo un paseo para abrir el apetito y comenzar otra vez.